
Si hay algo que caracteriza a las mujeres es la competencia entre pares.
Ya desde que son pequeñas, las niñas ejercen esta particularidad con sus amiguitas/compañeritas/hermanitas/conociditas/etceteritas, llegando incluso a competir con hembras de mayor edad y porte.
Así podemos ver como son capaces de disputarle incluso a su propia madre el amor de su padre.
En estas circunstancias la madre ve a esta actitud como un simpático gesto de femineidad de la niña; llegando a pronunciar para sus adentros la frase: “hija e’ tigresa!”
El tiempo pasa y la niña se va transformando en una señorita en edad de merecer.
Es entonces que la madre no puede evitar entablar una secreta competencia con su hija basada en el método comparativo (estrategia femenina por excelencia que en el 98% de los casos se les vuelve en contra). Demás está decir que es una batalla perdida ya que la ex-niña tiene al tiempo jugando en sus filas.
Generalmente la madre reconoce el jaque mate y se retira en silencio sintiéndose una porquería a la que de aquí en mas llamarán señora, abuela, vieja chota, etc.
Sin embargo existen casos en los que, esta madre al ver que su retoño crece y comienza a convertirse en una eventual competidora decide tomar cartas en el asunto.
La imágen que nos ocupa retrata el momento en que una de estas madres piensa:
A mi no me vas a hacer sombra turrita!
A mamá mona con bananas verdes!
La madre piensa, y actúa.
Porque antes que madre: mujer.








