
En la imagen podemos ver un típico caso de “apoyador compulsivo”.
Se trata de un individuo que pasado el período de desesperación hormonal (de 13 a 15 años, en el que toda actitud incivilizada, típica de perro alzado, está perdonada); sigue con la práctica de estacionar la masita en cualquier recoveco femenino o similar que tenga a tiro.
Se los puede ver principalmente en los transportes públicos; prefiriendo el colectivo al tren, ya que en el segundo caso, en ocasión de ser descubierto y repudiado, debe aguantar estóicamente hasta la próxima estación, o bien arrojarse del tren en movimiento para que luego su familia lea en Cronica TV, una placa roja que anuncie: “pajero se arrojó del tren”
Llegado el extremo del ejemplo que nos ocupa, el apoyador puede perpetrar su sexualidad en la cola de Pago Fácil, en el velatorio de su tía Pochi o incluso con el portero del edificio que se agacha despreocupadamente a escurrir el trapo de piso en el balde.
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